Desgranando el Producto Interior Bruto

Autores: CANDELA MAZAIRA, ABEL REAL, LUIS SANAGUSTÍN, POL COMAS Y LAURA ARMAYONES

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1) Definiendo el PIB

 El PIB (Producto Interior Bruto) es una variable macroeconómica considerada de vital importancia para entender el mercado. Esta variable cuantifica toda la producción (producto), generada en un país concreto (interior), de bienes finales, es decir, ignorando los bienes intermedios que componen estos últimos (bruto), durante un período determinado de tiempo. Sin embargo, la definición anterior se comprende mejor si describimos el PIB desde distintas perspectivas teóricas. A continuación, mediante un ejemplo, entenderemos qué hay detrás de este concepto y sobre qué nos informa exactamente.

Imaginemos una economía en la que solo existe nuestra empresa, productora de un determinado bien para la población. Por simplicidad, asumimos que las empresas venden exactamente lo que producen (no hay existencias ociosas en los inventarios), más adelante explicaremos el por qué. ¿Qué consideraríamos que es indicativo de la producción de esa economía al finalizar un año de actividad? Sencillo, la cantidad de bienes vendidos que, imaginemos, equivalen a 100 u.m. ¿Cuál sería la producción en caso de introducir en nuestra economía una empresa adicional que vendiera un componente necesario para la producción de los bienes anteriores? Fácil, la producción sería la misma, solo que ahora nuestra empresa tiene que pagar a la empresa emergente por el componente además de a sus empleados. La pregunta que surge entonces es ¿el componente es producción? La respuesta es: sí, pero en términos «netos» la producción son aquellos bienes vendidos descontando los «componentes» comprados, es decir, si se han vendido 100 u.m de nuestro bien, eso implica que «ya no existen esos componentes» al haberse integrado a este último. Esto se conoce formalmente como evitar la doble contabilización. Cosa distinta sería si algunos componentes permanecieran en el inventario de la empresa introducida, pero asumimos, recordemos, que todo se vende.

Por tanto, el PIB son los ingresos obtenidos por los bienes vendidos en una economía descontando el valor de aquellos componentes comprados por la compañía para evitar la doble contabilización. Además, en nuestro ejemplo, las ventas de ambas compañías descontando los componentes comprados es igual a la contabilización de los bienes finales que ha vendido nuestra compañía. Esto es, si los componentes se venden a 50 u.m, primeramente se ingresan en la economía 50 u.m de producción y, a continuación, al venderse los bienes, otras 50 u.m; o lo que es lo mismo, en total se ingresan 100 u.m al venderse los bienes finales de nuestra empresa. La primera interpretación se basa en el valor añadido de cada etapa productiva, la segunda interpretación en la suma de todo ese valor añadido de la producción reflejado en la venta del bien final. Sea como sea, la producción efectiva se materializa en 100 u.m que se han repartido ambas empresas y con las cuales podrán enfrentar el resto de costes del negocio. Este hecho nos lleva al siguiente descubrimiento, el PIB también es igual a todas las rentas que remuneran los factores productivos de las empresas. Pensémoslo, nuestras empresas, ambas con 50 u.m en su poder, pagarán a sus empleados y guardarán el resto para los socios.

Ahora que ya sabemos que el PIB es igual al valor añadido de la producción durante ese año, la pregunta es: ¿Qué ocurre si omitimos el supuesto de que se venden todos los bienes durante dicho periodo? Sucede que los componentes y bienes que reposan en los inventarios ahora son parte de la producción total debido a que son activos con valor de mercado independientes a los bienes vendidos y que, por tanto, han llegado a las manos del consumidor final. Podemos considerar que esas existencias son el tercer uso posible para los ingresos obtenidos en esta economía por cada empresa, es decir: pagar a los trabajadores o a la empresa, la cual puede repartir beneficios entre accionistas o, debido a la eliminación del supuesto, emplearlos para la compra de existencias u otros activos (como máquinas).

El lector tiene que tener en cuenta que el PIB es una variable flujo, es decir, que el PIB sea «0» un determinado año no significa que la economía carezca de productos, si no que carece de producción adicional ese año en específico. La riqueza, en cambio, es una variable de stock, que mide todos los bienes y servicios acumulados en un momento concreto por la economía.

Sabiendo que el PIB puede medirse como los ingresos obtenidos en nuestra economía descontando la doble contabilización, conviene representar a grandes rasgos en qué partidas los agentes económicos pueden gastarlos. Estas partidas son: el consumo de las familias, en bienes de consumo; las inversiones de familias y empresas en activos fijos, ya sean domiciliarias o no; y el gasto público, comprando bienes y servicios (sin incluir transferencias del Estado o los intereses de la deuda pública). Además, en una economía abierta al comercio internacional, sumamos a la ecuación los bienes vendidos al extranjero (exportaciones) y restamos los comprados (importaciones), debido a que los primeros transfieren rentas dentro del país con las que podremos comprar bienes y servicios mientras que los segundos las expulsan.

2) ¿De qué se olvida el PIB?

Antes de comenzar con las objeciones al PIB, hablaremos sobre un aspecto muy obvio pero que puede generar confusiones si no nos fijamos lo suficiente. Cuando queramos valorar el PIB de un país debemos asegurarnos de que lo estamos haciendo en términos reales o en dólares/euros. El PIB nominal de un país puede dispararse tan solo debido a un incremento en la inflación, por eso es importante que a la hora de valorar el indicador se haga mirando el PIB real o convertido en una moneda fuerte. Por otro lado, también debemos asegurarnos de utilizar datos de PIB per cápita, que indica la relación entre el nivel de renta de un país y su población. Es sencillo imaginarnos que cuanto mayor sea el número de habitantes, más fácil será que aumente la producción dado que existe más mano de obra.

Para introducir nuestra idea central, hablaremos de una de las variables más importantes a la hora de hacer el cálculo del valor del PIB, el gasto público (G). Éste cuantifica cuál ha sido el gasto total del Estado en la economía de dicho país, por lo que si se decide hacer una inversión en infraestructuras, subirá directamente. Este aumento no significa que dicha inversión esté bien realizada, tan sólo señaliza el desembolso de dinero por parte del Estado. Como el PIB es un valor objetivo que nos habla de lo ocurrido en una economía durante un tiempo determinado, no se puede valorar si la inversión de una nación es buena o no, lo único seguro es que subirá. Podemos comenzar a pensar que el aumento del PIB no es un indicador que indique mayor prosperidad o mayor bienestar en una nación.

El problema de la calidad del gasto también se puede encontrar tanto en el consumo (C) como en la inversión (I). El PIB refleja la evolución de la economía en el corto plazo, pero nos estamos equivocando al no fijarnos en el largo. Esta variable no mide la calidad de los bienes finales sino la cantidad, adjetivos inversamente relacionados en muchas ocasiones. Más no siempre es sinónimo de mejor, de hecho si creásemos bienes más duraderos necesitaríamos una menor producción.

Una caída del PIB no implica necesariamente que se esté destruyendo riqueza, de hecho en muy pocos casos extremos, como una guerra, ocurre esto. A continuación distinguiremos dos ocasiones en las que el desplome puede ser incluso beneficioso. Puede ocurrir que la economía no se encuentre estancada, sino que sea más sostenible. En nuestro mundo los recursos son cada vez más escasos y por eso es muy importante el uso que se da a estos mismos. Si continuamos midiendo la riqueza de las naciones por el incremento del PIB acabaremos destruyéndolo, ya que no refleja  las externalidades generadas hacia el medio ambiente. Veámoslo con un ejemplo: si aumenta el número de atascos también lo hace el PIB por un mayor consumo de gasolina, pero es evidente que este crecimiento es ineficiente e insostenible. Una solución factible contra este problema podría ser la introducción de impuestos pigouvianos, de cara a que los costes sean internalizados por los agentes económicos.

Por otro lado, según la paradoja del ahorro formulada por Keynes, puede darse el caso que durante una recesión se produzca un aumento del ahorro por parte de los individuos. Esto puede traducirse en una desaceleración de la economía en el corto plazo, debido a entre otras cosas, a un descenso en el gasto en bienes de consumo. En cambio desde un punto de vista a largo plazo, gracias a la acumulación de capitales que se da, puede existir un beneficio para la economía. 

Otro de los grandes problemas que tiene el PIB es que no recoge aquella cantidad de trabajo que no tiene un contrato de por medio, que carece de valoración en el mercado, y por tanto subestima la actividad económica. Un ejemplo de ello es la economía sumergida y la doméstica. Esta característica es perjudicial sobre todo para aquellos países de economías subdesarrolladas que la mayoría de sus empleos se hacen de forma informal. 

Por otra parte, el PIB no cuantifica cómo está distribuida la riqueza en una región. Como sabemos, es una variable flujo y no stock, por lo que ni tan siquiera mide la riqueza en sí. En caso de querer estudiar la distribución nos fijaríamos en otros indicadores como el coeficiente de GINI. Para ejemplificar y simplificar este hecho podríamos coger un país cuya economía se centra en las inversiones de dos grandes familias. Quizá el producto interno bruto sea muy alto, pero la distribución de la riqueza puede ser muy poco igualitaria. Una vez más nos encontramos con que una subida del PIB puede no radicar en un aumento del bienestar global.

Actualmente, la participación de los países en los organismos de decisión internacionales depende estrechamente del PIB. Los políticos comenzaron a presentar los datos de crecimiento cómo resultado de sus decisiones gubernamentales, con fines electorales. Sin embargo, hace poco la Comisión Europea lanzó la iniciativa Beyond GDP: Measuring What Counts for Economic and Social Performance, y no porque se hayan vuelto juiciosos. La posición de nuestro continente se ve perjudicada por este indicador, ya que no tiene en cuenta beneficios sociales de los que pocas más regiones del mundo gozan. Si la contribución que comentábamos al principio del párrafo dependiera de otro indicador que plasmase verdaderamente el bienestar, los países comenzarían a competir por preocuparse más por las personas.

Para concluir esta sección, creemos de especial relevancia dejar claro qué mide el PIB, para poder entenderlo. Que el indicador tenga deficiencias no quiere decir que no sea útil, dado que sí ayuda a establecer políticas económicas, sino que es una medida del tamaño de los ingresos y no del bienestar que generan.

3) Ejemplos históricos de las deficiencias del PIB

Como hemos visto, el PIB puede tener algunas lagunas de fiabilidad debido al gran número de actividades económicas que se desarrollan, algunas de las cuales no tienen constancia o regulación. Algunos ejemplos históricos como la economía sumergida nos ayudarán a plasmar nuestras ideas y verlas en acción.

Tras la guerra civil española (1936-1939) y con el poder en manos de Franco, el país quedó muy debilitado. La escasez de alimento en el mercado legal (por el sistema de racionamiento alimenticio con las cartillas) y el poco músculo productivo mermados por la destrucción de la economía española derivó en una gran cantidad de transacciones realizadas  en el mercado negro. En este mercado, también conocido como “estraperlo”, operaban diariamente un gran número de negocios cuyos datos no se conocen exactamente, pero se estima que había la misma cantidad que en el legal (Comín, 2014). En este caso, el PIB español no registraba esta cantidad ingente de transacciones.

Es importante hablar también de la economía informal que se desarrolla en países africanos y asiáticos. En el caso de los primeros, perjudicados por las políticas estatales de muchos países que no ayudan al desarrollo de la economía e incentivan al mercado clandestino a seguir prosperando. Se calcula que en África subsahariana el mercado negro (alimentos, utensilios, artesanía…) mueve un número de recursos económicos (para el uso y autoconsumo) muy parecido al del mercado oficial (Iñarra, 2015).

En el segundo de los casos, la economía asiática es conocida muchas veces por las reproducciones falsas de todo tipo de bienes. Una parte de ellas se vende en los mercadillos del gigante asiático, mientras que otra parte se destina a la exportación, mayoritariamente a Europa y Estados Unidos. Esta práctica se incrementó radicalmente con la apertura de China al mercado internacional. La Oficina Nacional de Estadística aproxima estas actividades hacia un 10% del total del PIB del país (South China Morning Post, 2003).

El tráfico de personas y esclavos (USA/Europa-África)

Durante la época colonial, los imperios europeos utilizaron en muchos casos a las personas de África como esclavos para hacer trabajos forzosos. Y bien, ¿cómo afecta esto a la economía? En primer lugar, debemos fijarnos en su trabajo. Deberían recibir un salario como compensación, y parte de ello sería reinvertido en forma de consumo o inversión, de manera que ya quedaría regulado. En segundo lugar, y muy ligado con el punto anterior, al no recibir salario, las personas que los explotaban podían poner a la venta los outputs realizados por los esclavos a un coste menor, por lo que realmente el precio que se pagaba por estos bienes no era el real. Una vez más, este tipo de prácticas que atentaban con los derechos humanos, no fueron registradas totalmente por el PIB, ya que solo se consideraba el resultado, no los inputs.

URSS y su crecimiento del PIB durante el régimen estalinista

Como ya mencionamos con anterioridad, un crecimiento muy alto y rápido del PIB no se traduce en muchas ocasiones en un crecimiento del bienestar. Durante el estalinismo que ocupó el período de 1924 a 1953, el objetivo del gobierno era el crecimiento del PIB mediante la industrialización del país. Para lograrlo se dedicó a producir una gran cantidad de bienes de inversión frente a bienes de consumo, dejando una población famélica y un consumo muy deteriorado. Ahora bien, esta dinámica no fue sostenible a medio y largo plazo, la acumulación de capital comenzó a reportar muchos costes, e intentar alargar la vida útil de este no evitaba el hundimiento. En los años 70, la URSS se vio en un callejón sin salida, su mecanismo dejó de funcionar, y las otras economías avanzadas la fueron adelantando (Rallo, 2017).

Por otro lado, a causa de la gran centralización del régimen y dada la alteración de algunos datos en medidas macroeconómicas del PIB, con el fin de lograr cumplir los objetivos de los planes quinquenales, los datos que la administración de la URSS aportó sobretodo justo antes y durante su estancamiento, no son completamente fiables. Por tanto, la falta de división de poderes y de libertades pueden suponer un perjuicio para el PIB, en el sentido que no se esté conociendo su verdadera magnitud. En todo el periodo mencionado, la proporción de mercado negro en la URSS se mantuvo muy elevada. No es sino otro el mercado de las flores, el que más importancia tuvo en los intercambios clandestinos, las restricciones de venta en las floristerías a 10 flores por persona no tuvo buenos resultados y desaparecían grandes cargamentos de estas en los trayectos logísticos (Bayon, 1981).

Crecimiento acelerado del PIB en las grandes potencias y externalidades negativas

Las externalidades negativas como costes sociales (por ejemplo, la contaminación) no están recogidas en la cuantificación del PIB de un país. Este hecho ha podido ocasionar cierta perversión de los incentivos en países que han experimentado un gran crecimiento durante el siglo XXI. Es el caso de China, conocida como la fábrica del mundo, que entre 1978 y 2011 consiguió multiplicar su PIB por 130. Esta ha pasado a ser uno de los líderes del mundo con un sector exportador muy competitivo y un gran número de reservas en monedas extranjeras. Ahora bien, las controversias que suscita esta industrialización y desarrollo es que ha implicado grandes pérdidas de bienestar para la población: han aumentado las desigualdades sociales, las condiciones laborales en el sector industrial son precarias, las ciudades irrespirables, etc. Estas consecuencias negativas podrían suponer costes en el futuro a medio y largo plazo que podrían haberse evitado, el futuro nos lo dirá (Lebrón, 2008). En 2004 el ministro Wen Jiabao propuso pasar a medir un PIB verde, que mostrara las pérdidas en materia económica producidas por la contaminación, ahora bien, una vez estimados los resultados se descartó su implementación por ser políticamente inafrontables. Según el economista Latouche ‘el crecimiento en países como EEUU pasaría a ser nulo e incluso negativo’. 

4) Bibliografía y artículos citados

O. Blanchard, A. Amiighnini y F.Giavazzi (2012). Macroeconomia (Quinta edición).

J. Stiglitz, J.P. Fitoussi y M.Durand (2018). Beyond GDP : Measuring what counts for Economic and Social Performance. OECD.

Comín, F. (2014). Historia económica mundial, de los orígenes a la actualidad. Alianza Editorial.

Bayon, F. (1981). Las flores, un prospero mercado negro en la Unión Soviética. La Vanguardia. 

Lebrón Veiga, A. (2008). Economía China: Pasado, presente y futuro.

Rallo, R. (2017). ¿Fue la Revolución rusa un éxito económico?

South China Morning Post, citado en Reinoso, J. (2003). China se rinde a la economía sumergida. El País.

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